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Castillo: el hombre que se cae para arriba

Castillo: el hombre que se cae para arriba

Por Linaloe R. Flóres
En julio de 2014, Michoacán es un nervioso caleidoscopio. El agravio y la esperanza de paz se mezclan hasta confundirse. El gobierno niega que hay una guerra; ciudadanos y organizaciones dicen que la tranquilidad es un remoto recuerdo y que todas las salidas se vuelven laberinto.

En el centro de las decisiones se encuentra Alfredo Castillo Cervantes, el Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral desde el 16 de enero, el hombre con la encomienda de atraer la armonía a la Tierra Caliente de México.

Si a este hombre –con casi 39 años– se le perfila en la Administración Pública se encuentra a un ser con habilidad destacada para salir de los atolladeros que parecen imposibles. Con tres licenciaturas, una en Derecho por la Universidad Autónoma Metropolitana, otra en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Iberoamericana y una más en Economía Financiera en la Escuela Bancaria y Comercial, ha ocupado tres cargos de alta responsabilidad en lo que lleva el gobierno de Enrique Peña Nieto.

“Apagafuegos” es un sobrenombre que ganó desde sus tiempos como Procurador General de Justicia del Estado de México (2010-2012) por resolver en forma mediática casos como los de la desaparición de la niña Paulette, los feminicidios en serie de Librado Legorreta, “El Coqueto”,  y ya como subprocurador de la PGR, la explosión en la Torre B2 de Pemex y la detención de la ex dirigente magisterial, Elba Esther Gordillo Morales.

Si a este hombre se le perfila en Michoacán, la tierra donde ahora trabaja para conseguir la paz, surge un retrato con algunos contornos bien definidos, pero otros oscuros y difuminados. Alfredo Castillo Cervantes es el funcionario en quien los pobladores tienen fincada la esperanza de que logre, con esa determinación suya tan demostrada, instalar la armonía; pero es también el hombre a quien sus detractores en la región le adjudican poca habilidad para la negociación y mucha proclividad a la traición.

En Michoacán, según su propio discurso, su encargo va adelantado. “Los grupos de autodefensa ya no existen desde el 10 de mayo cuando depusieron las armas”, dijo después de la firma de un convenio de mejora de acuerdo regulatorio de la Cofemer, el pasado 8 de julio. Castillo Cervantes se propuso desarmar a las autodefensas y erigirlas en una nueva forma legal llamada Fuerzas Rurales Estatales. En la hora en que declaró que el proceso había terminado, sus palabras contrastaron con la imagen en video, colgada en las redes sociales, de José Manuel Mireles, fundador de las autodefensas, quien cumplía doce días en prisión.

A Mireles lo aprehendieron elementos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Michoacán (PGJEM) y fuerzas federales. Fue un gran operativo en contra del fundador emblemático de las autodefensas por órdenes de Alfredo Castillo. El médico se encontraba en La Mira, abocado en la formación de un nuevo grupo armado. Le decomisaron una camioneta Cherokee Jeep 2014 blindada color blanco; ocho armas largas, seis cortas, 11 cargadores, 213 municiones, cuatro bolsas con marihuana, una con cocaína y 30 mil pesos en efectivo. Le interrumpieron sus planes de tomar Morelia. Al presentarlo ante el juez, los agentes mostraron papeles que demostraban evasión de impuestos. Ya en prisión, lo raparon y le quitaron el bigote.

La de Mireles no fue la primera detención ordenada por el Comisionado. Hipólito Mora Chávez, fundador de las autodefensas en La Ruana, fue detenido en marzo de este año por la sospecha de haber asesinado a Rafael Sánchez Moreno El Pollo y José Luis Torres Castañeda. Los cuerpos de estos hombres, acusados en el seno de las autodefensas de ser espías, aparecieron calcinados el 8 de marzo. Pero a Mora no se le probó nada y consiguió la libertad. Para el 4 de junio, todo había cambiado. El Comisionado difundió una foto en la que Hipólito aparecía con el uniforme de la Fuerza Rural Estatal. “Felicidades a Hipólito Mora quien hoy en La Ruana se sumó a la Fuerza Rural Estatal con 51 elementos más”, lo felicitó en el Twitter.

“Mitómano y megalómano”, exclama Guillermo Valencia Reyes, ex Presidente municipal de Tepalcatepec en cuanto se le menciona el nombre de Alfredo Castillo Cervantes. Abunda: “Miente de manera compulsiva y se cree lo que dice, y trata de hacer creer a todos sus mentiras. Vive en un país de fantasía. Michoacán está muy distante de ser lo que él dice que es. Da mucha risa cómo declara que las autodefensas no existen. Aparte de mitómano y megalómano, es soberbio. Parece que por decreto quiere acabar con los problemas”.

Los grupos de autodefensa surgieron en los municipios de La Ruana y Tepalcatepec en febrero de 2013 porque Los Caballeros Templarios –escisión de La Familia Michoacana– no quedaron satisfechos con extorsionar; después quisieron llevarse a las mujeres y eso resultó intolerable. Hipólito Mora, dueño de 15 hectáreas de limoneros, convenció a otros cuatro agricultores de armarse, y el Día de la Bandera, nacieron las autodefensas. Acaso sólo transcurrieron cuatro horas para que en el vecino Tepalcatepec se anunciara la presencia de otro grupo armado. Si Hipólito Mora estaba en La Ruana, en Tapalcatepec estaba José Manuel Mireles. En mayo, el Alcalde de Tepalcatepec fue expulsado de su oficina por una trayectoria de balazos y acusado de tener en su nómina a integrantes de Los Caballeros Templarios. Él dice que fueron los hermanos Farías, Juan José “El Abuelo” y Uriel “El Paisa” (también ex alcalde) quienes se ostentaban como autodefensas; pero que –según el dicho de Valencia– tienen relación con el Cártel Nueva Generación de Jalisco.

Valencia, no duda en hablar por una dispersa línea telefónica desde San José California, la ciudad que eligió para su exilio. Narra su propia trama de traición, la que interrumpió el diálogo con el Comisionado Castillo. “Lo busqué. Nunca me dio cita”.  Agrega que el Diputado local Omar Bernardino Vargas medió para que por fin, ocurriera la reunión. Castillo le habría dicho: “Ya tenía tiempo queriéndome reunir contigo. Tú eres una actor muy importante en este conflicto”. Luego, le habría pedido que presentara al Congreso sus cuentas, su nómina. 

Valencia narra casi sin aire el epílogo de estos encuentros: “Quedó de llamarme y nunca lo hizo. Yo di una entrevista a Quadratín en la que dije que deseaba ser parte de la solución y no del problema. El Comisionado se enojó. Ya sólo me buscó para regañarme. Acudí a una cita en el restaurante Jarácuaro, y regañándome como quien regaña a su hijo, a un subalterno, me gritó que yo le había roto los esquemas, que yo no era institucional. Me dijo: yo había hablado para lo del trabajo, para que no tuvieras problemas con tu auditoría. Yo le dije que en primera, yo le había dicho que no quería ningún trabajo. Y también le dije que lo segundo, lo tomaba como amenaza. Una amenaza porque yo no me he robado ni un quinto”.

Más allá del rompecabezas que es Michoacán, el investigador en seguridad internacional, Romain Le Cour Grandmaison, realizó en la región un estudio sobre las acciones del gobierno federal desde la incursión del Comisionado Castillo Cervantes. En el trabajo “Michoacán, por una estrategia de Estado”, dejó plasmado que aún no hay “una solución viable”. Su investigación presenta el contexto social en el que surgieron las autodefensas en la región, donde el único recurso útil ha sido la violencia. Y entonces, Le Cour Grandmaison lamenta: “En vez de atender las problemáticas profundas, el Gobierno Federal parece buscar cooptar a un bando, provocando la división con otros, para difundir una imagen de poder gubernamental”.

Que en Michoacán el conflicto continúa no es negado por el mismo Estanislao Beltrán, el autodefensa que de tan barbado ganó el apodo de “Papá Pitufo”, y uno de los hombres que en estos momentos trabaja con el Comisionado Castillo Cervantes en el desarme. La misma tarde que Alfredo Castillo declaró el fin de esos grupos armados, el dirigente le dijo en entrevista a este sitio digital que “el proceso” no estaba completo, que faltaba mucho; que todo iba lento. “No es fácil –dijo el productor limonero-. Necesitamos analizar bien cuántas personas van a tomar las fuerzas rurales. No vamos a armar a criminales. Ha sido un proceso lento, pero ha sido un proceso muy importante porque estamos haciendo un buen trabajo”. Luego, Estanislao Beltrán mencionó los municipios en donde la evolución de autodefensa a fuerza rural estaba consumada: Coalcoman, Aguililla, Tepalcatepec, Tancítaro, Parácuaro, La Huacana, Churumuco y Los Reyes.

Aunque empezó la conversación con un: “Pero si yo ya no doy entrevistas”, pronto su charla se volvió generosa. Y quiso hablar del hombre que en estos momentos tiene la encomienda de pacificar Michoacán: “Yo le voy a decir una cosa: nosotros estábamos necesitados. Estábamos hambriados de que viniera una autoridad. Y una autoridad que nos acercara. Ya no era creíble ninguna autoridad. Todos estaban coludidos con el crimen organizado… Entonces, cuando viene el licenciado Alfredo y que empieza a dialogar, a tomar acuerdos, a hacer planes de trabajo, vimos que estaba interesado en apoyar, en llevar a cabo lo que era la paz. Nosotros   lo vemos como una persona muy sencilla que convive, que comparte, que platica, que escucha… Claro, nadie es perfecto en este mundo….”.

–¿Usted se reúne constantemente con él [con Alfredo Castillo]? –se le preguntó a este fundador de las autodefensas, acusado de plegarse al gobierno federal y pactar en algún momento también con el crimen.

–Mmmmmm… No constantemente.
¿QUIÉN ES EL HOMBRE QUE LLEGÓ A MICHOACÁN?

Se le vio exultante. Ese noviembre de 2010 fue cálido –sin llegar a los golpes de calor– en Ixtapan de la Sal. Alfredo Castillo Cervantes, en ese momento subprocurador regional en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, abandonó las reuniones en las que se debatía la creación de protocolos de actuación en delitos de alto impacto y el fortalecimiento de la figura del arraigo. Regresó con una sonrisa que de tan marcada parecía indeleble. “Voy a ser Procurador”, le confió a uno de sus trabajadores cercanos que hoy recapitula la escena.

Era verdad: el entonces Gobernador Enrique Peña Nieto le acababa de decir que lo deseaba en el cargo. Las cartas estaban echadas. Una apuesta al futuro inmediato en el que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) recuperaría–porque así lo marcaban casi todas las encuestas–  la Presidencia de la República. “Y él podría hacer dorada su aspiración de ser Procurador General de la República”, expresa la misma voz que sólo habla a condición de anonimato.

Días más tarde, ya con la investidura de Procurador de Justicia estatal, Castillo se puso en la frente, en forma figurada, el nombre que el columnista y escritor Martín Moreno vaticina que jamás podrá quitarse: Paulette. Y a la vez, empezó a cargar sobre los hombros una pregunta que aún se pierde entre un mar de dudas: ¿Quién fue capaz de matar a esa niña? El ex Procurador Alberto Bazbaz Sacal –su amigo– había lanzado en cadena nacional la versión de que no había duda de que aquello fue un asesinato. Castillo Cervantes le dio reversa a la versión. En menos de 15 días emitió la verdad jurídica que Paulette había muerto asfixiada con la colcha de su propia cama. El carpetazo resolvió la crisis mediática; pero no la zozobra.

Debido a ese episodio, en su libro Paulette, lo que no se dijo, Moreno le augura un complicado escenario a Alfredo Castillo en la procuración de justicia por la carencia de un elemento básico: la credibilidad. “Encubrió la desaparición y muerte de la niña Paulette Gebara Farah en el Estado de México, cuando Peña Nieto era Gobernador. El caso Paulette lo descalifica, lo desacredita. ¿Quién le cree a Alfredo Castillo?”, se cuestiona el analista en su texto.

Dicharachero, mal hablado, seductor en principio, pero incapaz de disimular la cólera, Castillo Cervantes posee un retrato con algunos contornos definidos, pero otros oscuros. Ante grabadora, una ex colaboradora en la PGJEM lo evoca con un pasaje abrupto: “El mismo día que tomó posesión, despidió a la antigua secretaria de Bazbaz. No es que ella tuviera secretos. Es que Castillo Cervantes consideró que en el pasado, lo había tratado mal. No pasaba sus llamadas a tiempo. Y sólo eso pesó para su despido”.
La hoja de ruta de trabajo de Alfredo Castillo Cervantes en la PGJEM se trazó toda desde el área de Comunicación Social. Dos conferencias de prensa a la semana. Tres voceros en menos de dos años: Alfredo Albíter “El Pollo”; César Díaz Velázquez, quien antes fungió como coordinador de Comunicación Social, y Félix Sanabria. El trabajo se volvió arduo porque la orden era poner bajo la mirada de los medios locales y nacionales cada acción, cada persecución, cada detención; todo.

En realidad, la vida política de Alfredo Castillo Cervantes arrancó en esa oficina de Toluca de la PGJEM en 2010. Y en el Estado de México ser telegénico era una orden no expedita. Se imponía el estilo del entonces Gobernador Enrique Peña Nieto. Un esfuerzo que ya presentaba frutos. Para entonces, el mandatario estatal tenía la preferencia, en todas las encuestas, para ser el candidato único del PRI. “Alfredo Castillo Cervantes llevó el consumo de su propia imagen al extremo. Si el día de trabajo tenía diez horas, él dedicaba cinco a jugar al pimpón y la otra mitad, la pasaba pegado a una pantalla para ver noticiarios; desde los de tiempo real como Milenio y TV Fórmula hasta las repeticiones de entrevistas concedidas por él mismo”, narra otro de sus ex colaboradores. De modo que cualquiera que en ese momento tuviera la ocurrencia de ingresar a su oficina sabía que el Procurador podría contestar con un “¡Qué bien me salió esto!” O un: ¡Qué bien me veo, chingao!” En el peor de los casos, un: “Espérate, espérate, mira qué chingón soy”.

Chofer de la ruta Chapultepec-Valle Dorado, César Armando Librado Legorreta “El Coqueto” fue detenido el 27 de febrero de 2012, acusado de violar y asesinar a seis mujeres y violar a otra, la única sobreviviente. Transcurridas 24 horas se fugó de la Subprocuraduría de Tlalnepantla. La Fiscalía Especializada en Feminicidios de la PGJEM lo recapturó. “El hombre estaba muy lastimado por la caída al huir. Saltó desde un cuarto piso. Pero el Procurador no esperó el examen médico. De inmediato salió a dar conferencia de prensa”, relata una persona involucrada en el caso. Esta sería la propia crisis mediática. Familiares de las víctimas que murieron en manos del violador y asesino serial pedirían su destitución. Las apoyaría la organización Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niños de América Latina y el Caribe (CATWLAC), dirigida por Teresa Ulloa.

Pero como otras veces, Alfredo Castillo Cervantes seguiría impecable en el juego del Ajedrez político como alfil movible hacia cualquier lado del tablero. Como cualquier otro político, Castillo ha cometido gazapos por los que ha sido llamado a dar explicaciones, pero sin que le cueste su sitio. Por ejemplo, fue él quien, como Procurador General de Justicia del Edomex alimentó el último informe de gobierno de Peña Nieto con los datos del ámbito de Seguridad, que serían desmentidos por The Economist. A la legendaria publicación londinense le llamó la atención, sobre todo, que la extorsión se hubiera reducido a cero. De modo que analizó todos los delitos de alto impacto. Si Peña Nieto aseguró que el número de homicidios dolosos se redujo en más de la mitad, el semanario británico señaló que ello se debió a un cambio de metodología para la contabilidad a partir de 2007.

El descenso de cifras es parte de la historia meteórica de Alfredo Castillo. Fue subprocurador regional en Cuautitlán Izcalli. En 2005 esa región estaba considerada como la más peligrosa del país para las mujeres dada una tasa superior al nueve por ciento de feminicidios cuando la nacional era de 3.29, según el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (Inegi). Pero, en 2010, el fatídico número había cambiado: la tasa era menor 4 por ciento y así, la región ya no aparecía en la lista de las más riesgosas para llevar vida de mujer.

Tiene otras escenas típicas: 16 escoltas con armas largas y camionetas blindadas que lo han cuidado desde que ocupó la PGJEM y amistades que no tienen relación con su labor; por ejemplo, el cantante Manuel Mijares (sus frecuentes visitas a su oficina de Procurador se volvieron comunes para el personal de esa instancia).

Nadie que haya visitado las oficinas por las que Alfredo Castillo sería capaz de poner en duda su afición por el Deporte. Una de las primeras acciones al llegar a cualquier despacho es colocar una mesa de Pimpón. Él mismo se dice amante del tenis y que admira a André Agassi y Rafael Nadal. A extrabajadores de la PGJEM les consta que practica fútbol en cuanto se le presenta una oportunidad. Cuando en la PGJEM se requería otorgar ascensos, desmembrar unidades o crear nuevas plazas,  lo decidía con apuestas en partidos pamboleros, dos de ellos ocurrieron en La Bombonera, el estadio del Club Deportivo Toluca.

Con el triunfo de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República, en diciembre de 2012, Castillo Cervantes fue nombrado Subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo en la Procuraduría General de la República (PGR). En ese cargo, continuó con su estilo de exponer sus acciones ante los medios. En la explosión del sótano de la Torre B2 del complejo administrativo de Petróleos Mexicanos (Pemex) en la Ciudad de México, la tarde del 21 de enero de 2013, fue él quien coordinó los trabajos de los peritos y fue él quien dio a conocer que la causa del desastre fue la acumulación de gas.

Su segundo golpe fue la detención de la ex dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo. En el salón Independencia de la PGR, el Procurador Jesús Murillo Karam informaba que en el Aeropuerto Internacional de Toluca por fin, Gordillo había sido detenida. El subprocurador tomó el micrófono. Luego, detalló la manera en que la ex dirigente  y sus colaboradores, Nora Guadalupe Ugarte Ramírez, Isaías Gallardo Chávez y José Manuel Díaz Flores, así como la empresa Gremio Inmobiliario El Provisor, habían realizado movimientos irregulares por más de dos mil 600 millones de pesos.

No puede decirse que su estela en la PGR fuera brillante. Una fuente en esa instancia narra que fiel a su estilo de trabajo, intentó desmantelar la estructura laboral del organismo apenas si asumió el cargo. Lo peor: lo hizo mientras el titular Jesús Murillo Karam se retiró para ser intervenido en el quirófano de las cuerdas vocales. Una de las acciones en las que incurrió fue nombrar delegados en entidades con conflictos de narcotráfico. A su regreso, el Procurador reviró tales decisiones.

El siguiente cargo para Castillo Cervantes fue la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). Llegó a ese despacho en mayo de 2013. El encargado de esa cartera, Humberto Benítez Treviño, otro hombre cercano al Presidente, estaba orillado a irse: su hija intentó clausurar un restaurante en la Colonia Roma porque le negaron una mesa. Castillo llegó a esa instancia y se aseguró que sus acciones quedaran documentadas por los medios informativos. Frente a reporteros, colocó sellos de suspensión en 15 hoteles de las zonas de Polanco, Reforma Centro y Centro Histórico por prácticas abusivas y aplicó una sanción de 684 mil pesos en contra de McDonalds por tener leyendas inexactas en la Cajita Feliz. También resolvió imponer una multa de dos millones 33 mil pesos a la empresa Genomma Lab Internacional por el uso de “publicidad engañosa que perjudicaba la economía de los consumidores”.

Después, Michoacán se despedazó. Alfredo Castillo Cervantes fue nombrado Comisionado. A estas alturas, no sólo tiene el sobrenombre de “apagafuegos de Peña Nieto”. Su otro mote es “Superman”. A él –en sus tiempos de Procurador– jamás pareció molestarle. En el sistema de Blackberry con el que los empleados de primer nivel se comunicaban, alguien tuvo la ocurrencia de poner su cara sobre el cuerpo de ese súper héroe. Él la tomó y la utilizó de perfil.

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