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Charla en el Hospital

Charla en el Hospital

Por Santiago Heyser Beltrán

-Ya verá Ud. como Dios mediante, va a salir bien, me dijo María en el Hospital. -Si fuera Dios mediante, no me hubiera enfermado, contesté.

– El problema es lo que Ud. come, deje de comer carne de res, expresó.

– En ese tema, estamos indefensos, repliqué. Si como carne de res tiene Clembuterol, si como verduras, están regadas con aguas de dudosa calidad y si como pollo, trae tantos químicos para hacerlos crecer rápido y vacunas para evitar epidemias que afecten el “negocio”, que mi cuerpo se convierte en una cloaca. Hoy los ciudadanos estamos indefensos, aún comiendo comidas procesadas o enlatadas, tienen conservadores y químicos que no le son naturales al cuerpo, además del costo… Y del agua no se diga, si no trae arsénico porque el pozo está profundo, tiene microbios por que no fue bien purificada, o tiene flúor y los dientes se ponen prietos, o peor aún, la purifican con cloro y el cloro es veneno.

– Ya me espantó, pero tiene razón, dijo María Fernanda; aunque le voy a confesar, ya estaba espantada desde antes porque el lunes me operan.

– No entiendo que la espanta, dije. Ud. inició con: Dios mediante, es decir, Ud. es creyente: ¿si es creyente a que le tiene miedo?, ¿a la muerte?, no tiene sentido, nos es natural y todos vamos a morir, temerle es una tontería.

– Es que soy viuda y tengo miedo de dejar a mi niño.

– Piense positivo, en un descuido en la otra vida se encuentra al pobre de su ex marido… ¿Y en qué año de la escuela va su niño?

– Está en la prepa…

– Mire Señora, con todo respeto, si diosito la llama a cuentas el lunes, Ud. morirá tranquila anestesiada, sin dolor y su “niño” será el más beneficiado; el que una mamá llame “mi niño” a un grandulón de prepa, es que simplemente lo trae bajo la enaguas y no lo deja crecer, da la impresión de que Ud. proyecta su viudez viviendo la vida de su hijo en lugar de vivir la propia. – ¿Nada más tiene un hijo?

– No, tengo tres, el mayor de veintiocho años.

– ¡Ya déjelos descansar, Señora! Dios mediante, diosito se la llevará al “cielo” el lunes y sus hijos saldrán ganando, estese tranquila, pero ojo, si sale Ud. bien de la operación; ya deje a sus hijos en paz y dedíquese a vivir su vida.

– ¡Tiene Ud. razón!, aunque le diré que no me quito el pendiente; una vez que por razones de trabajo los dejé tres días, ni a la escuela fueron, diario los tengo que levantar. Fíjese, al más chico le gusta el beisbol y ni para eso va solo, lo tengo que estar arreando para que no falte.

– Reitero lo dicho, María, bajo el pretexto de que aman a sus hijos, muchas madres, Ud. incluida, les absorben la vida volviéndolos unos inútiles; si diosito ama a sus hijos, Dios mediante se la lleva el lunes, ya estuvo suave de que no los deje crecer.

– Ojalá y no, pero eso si le aseguro, sabiendo que no nos volveremos a ver, le digo que hoy sus palabras me cambiaron la vida. A partir de mañana voy a hacer responsable a mi niñ… perdón, a mi hijo, de sus cosas.

– Pues yo le digo otra cosa, aunque ya que no nos volveremos a ver no tiene sentido, pero si hubiera que apostar, apostaría a que Ud. mañana sirve de despertador, de nuevo, para que “su niño” vaya a la escuela.

– ¡Dios no lo quiera!,… va a ver cómo no.

– ¡No!, yo no voy a ver nada, ni quiero. Ud. siga su vida y ojalá salga bien de su operación; si es así, cambie, por dos razones: Ud. como primera razón, las personas tenemos un tiempo de vida, cuando uno decide no vivir su vida por vivir la de “otros”, se equivoca y al equivocarse se jode uno y jode a quienes dice amar. Así que por Ud. misma, si todo sale bien, póngase a vivir de verdad y deje libres a sus hijos, déjelos ser ellos, déjelos crecer. La segunda es por ellos, amar no es ni controlar, ni anular, no absorber, ni sobreproteger. El amor no es posesión; si sale bien, Dios mediante, ame a sus hijos y aléjese, por amor.

– Es que yo quiero evitarles problemas y tropiezos.

– No María, tú no quieres evitarles nada, lo que quieres es llenar tu vida vacía con las vidas de tus hijos, mejor vive tu vida y deja que ellos se tropiecen, ya aprenderán… ¡Así de sencillo!

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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