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Educando a un hijo
Father talking to teenage son (15-16)

Educando a un hijo

santiago_rufoSantiago y El Rufo

“Educando a un hijo”

 

Hace años fui invitado por Rotarios en Morelia a dar una plática sobre educación; durante la cena intercambiamos opiniones de cómo educar a un hijo y les dije pontificando: dedícale a cada hijo cinco minutos diarios, funciona.

R- Grrr, mi Santias, ¿cómo que con dedicarle cinco minutos diarios a un hijo es suficiente?, los cachorritos necesitan horas de formación en la manada y mucho tiempo para enseñarles a cazar, no se diga si incluimos como defenderse, como conseguir pareja o como ser líder si se es el macho alfa.

S- Me queda claro y comparto tu preocupación, pero los humanos somos diferentes, lo que no implica que requiramos menos atención y/o educación, me explico: la educación humana consta de un modelo de colaboración social que incluye a familiares, amigos, vecinos, compañeros, maestros (que deberían ser profesionales), programas educativos (que deberían ser eficaces y formativos), etc., pero al mismo tiempo, el ser humano requiere de orientación ética, de aprender cómo vivir, cómo relacionarse y en un aspecto, como comportarse civilizadamente dentro de la familia y con los grupos sociales en la escuela, el trabajo, el deporte, etc. En esa parte, el aprendizaje en familia es esencial, sobre todo porque de manera complementaria, cada familia tiene sus códigos de conducta, su educación asociada a valores y costumbres y sobre todo, una expectativa de cómo deberán ser los jóvenes para tener éxito en la vida en función de sus tradiciones y patrones religiosos y culturales. El problema radica en que los hijos, al mismo tiempo que reciben la educación familiar, vía televisión, amigos, grupos escolares, pandillas y otros medios, son influenciados con propuestas de actuación que no siempre caen dentro del marco de referencia cultural de la familia y muchas veces traen como consecuencia posibles riesgos o daños que preocupan a las familias. Un ejemplo sería el fumar o beber; no hay familia que no quisiera evitarles a sus hijos los riesgos sociales y de salud de fumar o tomar. El problema es que los jóvenes humanos, al igual que los cachorros en tu manada, mi Rufo, son inmaduros, les falta experiencia y muchas cosas por aprender, de ahí deriva que paralelo a la educación sea necesaria una disciplina amorosa que tenga por objetivo la correcta formación de los jóvenes (hijos); el punto es que dada la inmadurez, la curiosidad y la creencia equivocada de que siendo joven se tiene la capacidad de decidir y decidir bien, muchos de nuestros hijos no acatan las reglas y órdenes familiares y se rebelan de dos formas: 1.- No obedeciendo, es decir, haciendo lo contrario a la instrucción paterna, escolar o familiar, y 2.- Mintiendo para poder hacer aquello que les prohíben. Las malas influencias externas agravan el riesgo. Es aquí donde entra la regla de los cinco minutos, doy un ejemplo: normalmente a los jóvenes se les prohíbe fumar, principalmente por los riesgos de salud; como contraparte, el fumar es snob y le da la impresión al joven que si fuma, se verá mayor, con más personalidad e independiente, es decir, fumar le es atractivo, motivante y necesario para no ser excluido en los grupos de adolecentes: ¿ante esta realidad qué hace?, pues fuma a escondidas y miente a quién le pregunte si fuma y si lo cachan, niega. Lo mismo con las menores de edad que quieren sentirse mujeres adultas teniendo novio o viviendo su sexualidad, igual con los pendejetes que se sienten fregones por tomar licor o fumar mariguana. Ante esta realidad los amigos Rotarios de Morelia se sentían impotentes para ayudar a sus hijos o para ejercer autoridad para controlarlos; ¿pero cuál era el fondo del asunto?, desde mi punto de vista: El distanciamiento de los padres con sus hijos, en otras palabras: los hijos eran unos desconocidos para sus padres y viceversa. Y es que hemos confundido el amor paternal (maternal) con darles a nuestros hijos cosas materiales o ser permisivos y condescendientes.

R- Guauuu, ¿y cuál es la solución mi Santias?

S- Sonará a verdad de Perogrullo, pero la solución es conocer a nuestros hijos a través del trato personalizado y continuo, es decir, platicar con ellos diariamente en forma privada, no viendo tele o cenando con la familia; en forma personalizada quiere decir que reuniéndonos en privado con cada hijo, cuando menos cinco minutos diarios, para saber cómo fue su día, cuáles son sus sueños, a que le temen, como van en clases, que les gusta, para que tienen habilidades, en una palabra: ¿quiénes son?, de manera que día tras días, nos actualicemos respecto a esa maravillosa personita que decimos amar y que vive en continuo cambio. Siguiendo esta receta, el primero en enterarse respecto a las dudas o inquietudes que tiene el joven con el cigarro, la bebida o la sexualidad, o los amigos y la escuela, será el padre (y/o la madre) y difícilmente perderá el camino, porque en el trayecto irá acompañado amorosamente por sus padres… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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