Noticias Destacadas
Inicio / México / Extraño a Juanga
Extraño a Juanga

Extraño a Juanga

Por el dr. Votario

No es precísamente que mi ser extrañe la galanura del inconmensurable cantautor mexicano Juan Gabriel, oriundo, por cierto, del edén termal michoacano que es Parácuaro. No. Es más bien que traigo en mi ser un sabor que no me sabe, un aroma que no me huele bien, un jingle que no me acompasa, una oda que no me rima, una jerga que me dispiace.

Durante el proceso electoral del año 2000 escuchaba rutinariamente en la radio y en la TV un jingle -de Juanga, por cierto- que cantaba algo así como “Ni Temo, ni Chente, Francisco va a ser el presidente…” y que me ponía mentalmente a bailar y a reflexionar. Había, no solo en quien les escribe, sino en toda la nación una necesidad, una inclinación, una pasión por participar. Hoy no veo eso.

Las elecciones intermedias están acompañadas del lastre que implica que no vamos a elegir al “grande”, al omnipotente y poderoso señor que nos arropará durante seis años bajo su manto protector y al que podemos acudir en caso de necesidad. Quince años de alternancia política no nos han abierto para nada los ojos a nosotros descendientes de Moctezuma, de Axayácatl, de Tanganxuán, de Tariácuri, pero también, de Grijalva, de Montejo, de Soto la Marina, de Cabeza de Vaca… y desgraciadamente también de Nuño de Guzmán y de Pedro de Alvarado y simplemente es que… se nos reventó el barzón… y sigue la yunta andando.

Un ciudadano de a pié me dijo hace poco que no le veía razón para descaminarse a votar para elegir a un “puñado de vividores”… ¿Lo doy la razón a este mexicano? ¿le digo que está en su justo derecho y que la única manera de exigir la retribución de las deudas que el pais tiene con él es que se forme en la ventanilla única para que al rato le digan que el licenciado está ocupado, y que vuelva mañana?

Cerca de 18 millones de jóvenes en el país cumplieron la mayoría de edad. Ese tumulto se inscribió en el padrón electoral y aparece en la lista nominal por vez primera, y si se levantan con ganas en junio siete, emitirán su sentir electoral en las elecciones de junio. La médula del asunto ya no se resume en si voy o no voy a votar. Si quiero o no quiero elegir a quien me gobierne o me represente, si tengo o no tengo derecho de participar y a decir “te lo dije”. El problema es más serio. Un gran porcentaje de esos 18 millones pertenecen a familias descompuestas, que han abandonado sus hogares por desavenencias con sus parientes cercanos, o que no pertenecen a ningún ámbito. La sociedad, la iglesia, los partidos políticos y la nunca reconocida segregación ideológica que llevamos en la sangre los descendientes de Moctezuma y de otros sumos cazonci han orillado a muchos jóvenes a adoptar la insubordinación y el valemadrismo como forma de protesta. Los ciudadanos establecidos nos hemos hecho occisos ante el México que se nos avecina. 18 millones de mexicanos con poca experiencia electoral y con graves problemas familiares habrán de decidir la composición de la Cámara Baja, que a gritos y sombrerazos, mal que bien, organiza los límites de quienes nos gobiernan.

Una buena forma de hacer campaña sería que el candidato en ciernes se calce unos huaraches de Huetamo, se cuelgue una mochila al hombro -o un rebozo- y vaya de barrio en barrio, de caserío en caserío y de tejabán en tejabán a preguntar ¿qué necesitas? ¿en qué te he fallado? ¿cómo hago para mejorar tu existencia? sir Thomas More inmediatamente me daría un zape en la nuca, me llevaría aparte y me aconsejaría “eso no funciona, zopenco, ya lo probé”.

*  *  *

He detectado una inquieta juventud entre los dieciocho y los treinta años que no vivió las intransigencias ni los autoritarismos desmesurados de años atrás. Que quiere decidir el mejor rumbo para construir su futuro individual y familiar. Este sector de la población tiene una gran responsabilidad ante sí, pero también un loco afán de sobresalir. Es sabedora de su potencial intelectual. Considera que es sencilla la receta para mejorar su ciudad y su pais. Sabe con certeza como hacerle. Dibuja en sus reuniones de amigos una fuente de directrices que llevarían a México al primer mundo.

En paralelo, existe otro joven mexicano valemadrista y abandonado por todos que no se compromete con el futuro cercano, menos con el lejano. Deja que él -el futuro- decida por él, y así se siente agusto. Al final, construye un escenario con escasas luces en el que él es la víctima de su país, de su familia, de su entorno, sin saber que ha sido víctima de sí mismo.

*   *   *

Las adecuaciones a las leyes electorales usualmente se ensayan en las elecciones intermedias. La primera reforma política del México moderno ocurrió en 1977 con la promulgación de la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE) que constituyó el primer peldaño en la escalera democrática que hemos logrado. El Código Federal de Procesos Electorales, el COFIPE, fue para muchos mexicanos el destierro de la facultad omnímoda y hereditaria del designio del sucesor presidencial. Al doctor Ernesto Zedillo le tocó en suerte desterrar el dedazo. Le reconozco a Zedillo la madurez política que tuvo para romper la cadena presidencialista que asoló a México desde 1929.

Gran razón -parcial, como la de un ingeniero- tenía Heberto Castillo inventor de la tridilosa al decir que “A los intelectuales de mi patria, les quedan dos caminos: dedicar su esfuerzo y actividad al desarrollo de las ciencias, de las artes, de la cultura con el propósito de darse nombre y brillo intelectual, o bien entregar toda su capacidad creadora y toda su voluntad para establecer las bases técnicas y científicas de un amplio y sano desarrollo de México. La primera posición proporciona honores, distinciones, y pingües beneficios económicos pero da la espalda a la historia. La otra de frente al futuro, sólo ofrece riesgos y privaciones, pero allá en lontananza, permite vislumbrar la verdadera libertad de nuestros pueblos y con ello su salvación definitiva

*  *  *

¿Porqué hago cuento de esto? Quizá porque las directrices sociales y políticas que rigieron a nuestra Patria hasta el 30 de noviembre de 1964, aunque omnímodas, autoritarias y presidencialistas, fueron creíbles y alentadoras. Lázaro Cárdenas, Manuel, Miguel (con sus asegúnes) y los dos Adolfos fueron guías y omnímodos reyes que en magnitud suprema que supieron conseguir para México un sentido de vida. El ingeniero Castillo mencionaba a los intelectuales como únicos promotores de un México progresista. Hemos comprobado que nadie ha tenido razón en como hacer que progrese nuestro país.

Ni Temo, ni Chente, ni Pancho serán presidentes, al menos este cercano junio. ¿Qué nos queda por hacer? A tí y a mí, encorajinado y encaonado ciudadano de a pié que pides con angustia que se haga algo, quisiera aconsejarte lo siguiente.

1. Sacude esa abulia que te envuelve por todos lados, llega a la compu más próxima, invoca la página Lista nominal selecciona el modelo de tu credencial del IFE, registra los datos que ahí te piden y averigua si estás en la lista nominal. El primer secretario de tu casilla no te dejará votar si no apareces en la Lista Nominal. Si no estás ahí deberás acudir al Tribunal Electoral de tu estado para levantar la denuncia correspondiente para que éste emita la sentencia judicial.

2. El 7 de junio fórmate en la fila, desarmado, humilde y con ganas de participar. No alborotes ni intentes seducir a otros a que voten por el partido mangenta. Al llegar frente al presidente de tu casilla pon cara sonriente -de yo no fui- y aptúa normal recoge las boletas de votación y enciérrate en la mampara para cruzar en secreto a tus candidatos predilectos.

3. Deposita tus boletas en la urna correspondiente.

4. Sal de la casilla silbando con júbilo, sintiéndote hombre libre, poseedor inquebrantable de que has hecho lo mejor para lo que nos queda de Patria.

Hasta la próxima.

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Scroll To Top
  • Facebook
  • Google+
  • Twitter
  • YouTube