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La mala palabra

La mala palabra

Hablando en Serio

“La mala palabra”

Si tuviera yo que escoger una mala palabra, esta sería: “Competitividad”…

Leo en el diccionario de la Real Academia Española; Competitividad: “Rivalidad para la consecución de un fin.” También tiene como definición: “Capacidad de competir.”; y competir lo define como: “Dicho de dos o más personas: Contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa.”

En otras palabras, ser competitivo implica el darle en la madre al contendiente para ganar, para salir avante, para tener éxito… Y es aquí donde me pregunto: ¿de verdad eliminar a un competidor o contrincante es tener éxito?… Habría que definir éxito; vuelvo a citar al diccionario: “Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.” Lo que me lleva a un nuevo cuestionamiento: ¿Qué es la felicidad y como se logra? Felicidad: “Satisfacción, gusto, contento…” De donde me pregunto: ¿joder a un prójimo para tener éxito y ser competitivo me da felicidad?… Creo que no… a menos que tenga el alma corrompida y esté ajeno a mi propia naturaleza humana y solidaria, basada desde el principio de los tiempos en la convivencia con mis iguales para enfrentar retos y peligros, lo que me llevó a ser un ser sociable y projimal de forma natural…

¿Ton´s?… Pues que el modelito neoliberal, basado en el consumo al infinito, dentro de un planeta finito, además de ser inviable e inmoral, es estúpido, ya que para sostenerlo nos pone a competir a los humanos alejándonos de nuestra propia naturaleza, social y projimal. Me explico: la razón única para vivir en sociedad es ayudarnos como raza humana para enfrentar retos y amenazas y a resolver problemas. Si del vivir juntos deriva el que unos exploten a otros para adquirir poder o riquezas, pues mal andamos y vivir en sociedad se vuelve una estupidez, ya que de manera natural, los débiles u oprimidos buscarán formas de defenderse para evitar abusos y ello conllevará a la violencia, es decir, la ley de la selva será la que defina las formas de convivencia y no las leyes, que por definición, al provenir de una sociedad donde unos explotan a otros con sus “competencias”, serán injustas. Pongo un ejemplo a partir de una reflexión:

En una ocasión leí el siguiente pensamiento, perdón por no recordar al autor: “Cuando nací,… ya todo tenía dueño.” Desde entonces no olvido el drama de los desposeídos, de los que por nacer de familias pobres o en tiempos actuales, se encontraron que las leyes daban todo en propiedad a otros, por lo que no tienen más que dos opciones: 1.- La de ser pobres y explotados o 2.- La de pelearle a los que tienen para quitarles, por la fuerza, un poco… ¡No!, no es broma ni exageración, este drama es parte de la historia de la humanidad; retrocedamos el tiempo un poco, imaginemos a los indígenas americanos antes de la llegada de los conquistadores europeos: Cazaban al venado, recolectaban frutillas y semillas y tenían una agricultura incipiente; enfrentaban el frío y las enfermedades juntos y cazaban al búfalo correteándolo por tierras que no tenían bardas ni alambrados. De repente aparecen los “europeos” y se apropian de tierras que eran de todos y ponen alambrados, rejas y bardas e inventan el concepto de propiedad privada en América; con lo que se agandallan lo ajeno, ya que lo que era de todos, no tenía títulos de propiedad ni escrituras; y así, los dueños de todo se vuelven los desposeídos ante una leyes injustas impuestas a sangre y fuego por los conquistadores (invasores)…

Aún así, cuando menos en la Nueva España, los “conquistadores” tuvieron el tino de asignar tierras comunales a cada pueblo y comunidad, dando así la oportunidad de acceder a los alimentos a través del trabajo comunitario, permitiendo convivir dos sistemas o modelos, el de la propiedad privada, abusivo e inmoral y el de las comunidades, acorde con las leyes naturales y con la naturaleza projimal y solidaria de los humanos.

Hoy ni eso tenemos, con las reformas modernizadoras estúpidas e inmorales que legislamos en México, las tierras comunales, con acuerdos de asamblea se pueden vender, atropellando los derechos de los no nacidos  ¿Qué tenemos que hacer?, en mi opinión desandar el mal camino y regresar al concepto de tierras comunitarias que permitan, a todo aquel que nace o vive en una comunidad, contar con un mínimo de recursos para sobrevivir. Al mismo tiempo, dar acceso a los desposeídos, desde instituciones del Estado, a bienes de capital e infraestructura para que con su trabajo puedan acceder a una vida digna dentro de la economía de mercado, en lo que construimos un modelo alternativo, más acorde con nuestra humana naturaleza… ¡Así de sencillo!

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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