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La tierra no tiene precio
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La tierra no tiene precio

Hablando en Serio

“La tierra no tiene precio”

¡No!, no es que la tierra no valga, es que vale tanto que: ¡La tierra no tiene precio!

Como me hubiera gustado que los campesinos, agricultores y ganaderos de Guanajuato, leyeran esto antes de vender sus tierras por esa porquería que es el dinero. Como me gustaría que la gente del Sauz, de Rincón de Tamayo y de comunidades aledañas como Sta. María, entendieran que su tierra no tiene precio y que es urgente, para Guanajuato y para México, conservar espacios que sirvan como pulmones para producir alimentos, entendiendo que la tierra no es mercancía ¡No debe serlo!.

El padre Goyo de Michoacán, buen ministro del Señor, portador de su palabra con el ejemplo y buena onda desde que lo conozco, me mandó esta historia:

Un campesino cansado de la rutina del campo y de tanto trabajo duro, decidió vender su ranchito. Como sabía que su vecino era un destacado poeta, decidió pedirle el favor de que le hiciera el aviso de venta. El poeta accedió gustosamente… El aviso decía: “vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verde árboles, hermosos prados y un cristalino rio con el agua más pura que jamás hayan visto”.

El poeta tuvo que marcharse un tiempo, pero a su regreso decidió visitar a sus nuevos vecinos, pensando que aquel hombre del aviso se había mudado. Su sorpresa fue grande al ver al campesino trabajando en sus faenas. El poeta preguntó: Amigo ¿no se ha vendido la finca?, el campesino con una sonrisa le contestó: ¡No! estimado vecino, después de leer el aviso que Ud. me hizo, comprendí que tenía el lugar más maravilloso de la tierra y que no existe otro mejor… Moraleja: no esperes a que venga un poeta para hacerte un aviso que diga lo maravillosa que es tu vida, tu tierra, tu hogar, tu familia y lo que con tanto trabajo hoy posees… Tampoco esperes a que venga un líder corrupto –que bajo la mesa recibirá comisiones o “moches” de quienes compran- a convencerte de que vender tu tierra es buen negó$io o que un funcionario de gobierno, con el interés de un plan de industrialización, te quiera convencer de vender la tierra para traer “inversionistas extranjeros” a generar sueldos mal pagados para tus hijos, con trabajos de explotación apoyados en sindicatos de protección que simulan defender al trabajador cuando en realidad están al servicio del dinero)… Por el contrario: dale gracias a Dios porque tienes vida, salud y esperanza de poder seguir luchando para vivir una vida plena que te conduzca a la felicidad y cuida tu tierra, patrimonio de tu familia.”

Cada vez que veo fotos de la tierra “flotando” en la nada del Universo, rodeada de lunas, planetas, asteroides etc. que no pueden soportar la vida humana, confirmo mi convicción: ¡La tierra no tiene precio!…

Hoy, quizás, los amigos de Juan Martín en Celaya y comunidades vecinas que vendieron las 500 hectáreas que el gobierno de Guanajuato regaló a los japoneses para construir “La Honda”, estén en capacidad de entender que se equivocaron; que por dinero que se evapora y se acaba, se devalúa, se deprecia, con precios a la inflación, cambiaron esa basura por una riqueza real ¡Sus tierras!, herencia de sus padres y patrimonio de hijos, nietos y bisnietos, hoy inexistente por una mala decisión tomada por el brillo del dinero, que al igual que las lentejuelas que los españoles cambiaron a los indios por su oro ¡Fue un timo!

La tierra es vida, es alimento, es hogar, es religión, la tierra es madre, es nuestra casa, es hogar, la tierra es arraigo, es patria… ¿Cuando entenderemos esto?, para comprender que: ¡La tierra no tiene precio!… ¡Así de sencillo!

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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