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Maestro Indígena

Maestro Indígena

Uruapan, Michoacán, 4 de octubre del 2014

Ojala El SNTE y los Democráticos, que de eso nada tienen, lean este editorial.

Cito a Noam Chomsky de nuez: “Existe una concepción que dice que el trabajo es un ideal de vida libre, el trabajo creativo bajo el control de uno. Es exactamente lo que cualquier ser humano elegiría si pudiera. Hay lugares donde este ideal es practicado. Si caminas en los pasillos del M.I.T. Instituto Tecnológico de Massachusetts encontraras gente (investigadores), que quizá trabajan ochenta horas a la semana; gente que podría ganar mucho más dinero en la bolsa de valores; pero están aquí porque les encanta lo que hacen.

Uno tiene cosas que le gusta hacer; conozco carpinteros que actúan igual y en su tiempo libre hacen cosas interesantes, cosas que les gusta hacer. Esa es una diferente concepción del trabajo. Ahora, bajo la segunda concepción no existe razón por la cual debe relacionarse el pago a la cantidad de trabajo que uno hace. No tiene nada que ver, uno hace el trabajo aún si no es pagado; quiero decir, si el trabajo está bajo el propio control, bajo la propia elección.”

Y ese es el punto, cuando un ciudadano acepta libremente servir a México como maestro, debe hacerlo con generosidad y para servir, porque hacer de la educación una plataforma chambista es dañar a la República, y eso, como las mañas, no se quita ni con jabón, por ello les voy recordar cómo se nombraba y cuál era el perfil de un maestro en el pueblo Chichimeca, algo que hoy le urge a México:

El designado como educador ¡Como maestro!, debía ser nombrado en asamblea de la comunidad, no tendría salario, debería ser ante todo el que tuviera más conocimientos, el más justo, al que le naciera compartir sus conocimientos con los que no los tenían, que no fuera orgulloso sino sencillo, que reconociera que no lo sabe todo y que reconoce que nadie tiene la verdad absoluta. Necesitaba saber escuchar, pero sobre todo debía ser un verdadero hombre de carácter para que realmente lograra que aprendieran sus alumnos y produjera hombres justos, libres y felices; hombres con respeto a la palabra y capaces de realizar, en su momento, esta misión sin cobrar, porque así el mismo recibió su educación: basada en los ideales de ser una mejor persona, de servir a su pueblo y de respetar lo ajeno, lo de cada quien. El elegido no debía tener interés por la riqueza y solo aportaba con generosidad sus conocimientos, lo más puro de su saber. No recibiría las gracias de nadie, no sería el héroe de la comunidad y solo sería recordado como uno más que enseñó, amorosamente, después de las jornadas del campo de cada día, cumpliendo así con la comunidad.

Esta forma de elegir a los maestros educadores, esa convicción asociada a la vocación de enseñar es hoy, lo repito, la carencia más grande de México… ¡Lo sé!, hay muchos maestros generosos y comprometidos, pero no son suficientes, hoy nuestra Nación requiere que todo aquel que enseña lo haga para servir y así, alcanzar la propia plenitud y por ende la felicidad… …Así de sencillo.

Un saludo una reflexión

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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