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México DF quiere volver a respirar

México DF quiere volver a respirar

Por Paula Chouza

Cada día, en México D. F. se producen 22 millones de desplazamientos. Los atascos en las principales avenidas de la capital, el timbre agresivo de los cláxones, las peleas verbales entre conductores y el manto gris que envuelve la urbe configuran la fotografía de una de las tres ciudades más pobladas del planeta -alrededor de 20 millones de habitantes en la conurbación- y también una de las más contaminadas del mundo desde los años ochenta. No en balde, los más de 5 millones de autos que circulan en el valle de México generan el 50% de la contaminación del aire que impacta en la salud pública. Por este motivo, la semana pasada las autoridades locales anunciaron la modernización de un plan que desde hace 23 años constituye la herramienta principal para luchar contra el problema medioambiental.

Aunque a menudo se le reste importancia, la mala calidad del aire llega a ser letal. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, tan solo en el año 2008 14.734 personas murieron de forma prematura por enfermedades asociadas a la contaminación del aire en todo México.

La Secretaría de Medio Ambiente capitalina señala en su último informe que entre el 1 de enero y el 29 de agosto de 2013, el 43% de los días —lo que suma casi cuatro meses completos—, los niveles de ozono excedieron los límites establecidos por las autoridades. Además de este gas, las concentraciones de partículas en suspensión PM2.5 y PM10, relacionadas con el tráfico y la industria, superan en similares proporciones los límites recomendables fijados por las organizaciones internacionales.

El problema no es exclusivo del DF -el último estudio de la OMSpresentado en mayo alerta de que casi el 90% de las urbes incumple los estándares de calidad del aire- , pero desde hace tiempo, las autoridades mexicanas trabajan en la actualización de las leyes que regulan los niveles de concentración máxima permisibles para los contaminantes atmosféricos. Así, en los próximos meses entrará en vigor la nueva norma propuesta por la Secretaría de Salud Federal sobre partículas, que establece una revisión a la baja de los índices permitidos, con la intención de alcanzar los estándares internacionales recomendados de manera gradual en un plazo de 3 años.

En lo que respecta a la Ciudad de México, hasta ahora, la medida más importante es el programa Hoy no Circula, que limita el tránsito en función de la antigüedad del vehículo y el día de la semana. Aunque durante años dio resultado, la efectividad del plan estaba ya agotada. Bajo el mismo esquema de las últimas dos décadas, el Gobierno capitalino propone a partir de julio un endurecimiento en las restricciones. Los vehículos con una antigüedad de nueve a 15 años dejarán de circular dos sábados al mes y un día a la semana; en tanto que aquellos con más de 15 años no podrán circular todos los sábados y un día a la semana. Actualmente la norma no permitía circular únicamente un sábado al mes. Además, los automóviles que vengan de fuera del Distrito Federal, tengan la antigüedad que tengan, no podrán circular ningún sábado ni tampoco de cinco a diez de la mañana de lunes a viernes. Los vehículos de carga federal, altamente contaminantes y hasta ahora exentos del cumplimiento de la norma, pasan a estar incluidos en el programa. El Hoy no Circula se aplica sólo en el DF y la Secretaría de Medio Ambiente calcula que con los cambios acordados cada día dejarán de circular unos 560.000 vehículos frente a los 370.000 que lo hacen actualmente.

La medida va acompañada de la homologación en toda la zona metropolitana del sistema de verificación de vehículos, el examen que permite determinar cuánto contamina un coche. En la actualidad las pruebas varían según el municipio donde se realice el control. El anuncio provocó múltiples reacciones, incluyendo una protesta de decenas de automovilistas el pasado fin de semana.

Para Eduardo J. Solís, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, la actualización de las medidas es bienvenida. “Al aumentar las restricciones para los vehículos con mayor antigüedad se promueve la renovación del parque automovilístico, que en México, es uno de los más viejos del mundo”, señala.

En este sentido, el profesor e investigador de El Colegio de México José Luis Lezama cree la medida positiva porque la flota vehicular “está obsoleta” y carecen de la tecnología adecuada para reducir las emisiones. “Un gran porcentaje de nuestros coches tiene más de ocho años y muchos de los que cuentan con el convertidor catalítico han superado ya su período útil”.

Sin embargo, Lezama señala que las estrategias propuestas tienen una durabilidad corta. “No tocan el problema de fondo porque no afectan al transporte público”, señala. “El sistema de la Ciudad de México no está coordinado: tanto el metrobús como los autobuses y microbuses compiten por los pasajeros en vez de complementarse. Otra de sus deficiencias es que es altamente contaminante”, dice.

“Para resolver el problema de la mala calidad del aire en cualquier parte del mundo es importante tener ubicadas las fuentes, las causas y los factores de la contaminación”. El académico es pesimista en cuanto a los avances en los próximos años y piensa que la capital no alcanzará los estándares de emisiones que señalan los organismos internacionales. “No solo depende de los vehículos sino también de la calidad de los combustibles. Habría que aplicar la normativa que obliga a Pemex [la compañía petrolera mexicana] a cumplir con los estándares de bajo contenido en azufre y eso no va a ocurrir”, vaticina.

El informe del Centro Mario Molina, que estudia los problemas relacionados con la protección del medio ambiente y colaboró con el Gobierno del DF en el diagnóstico de la situación en la ciudad, insiste también en que el Hoy no Circula no puede ser una medida aislada. La institución recomienda crear “un plan integral de movilidad que involucre, además de las acciones en materia de reducción de emisiones, otras para la congestión vehicular, el transporte y el desarrollo urbano”.

En términos absolutos, además de los 6,8 millones de coches que se calcula estarán circulando en 2020, en la zona metropolitana hay ya más de 5,3 millones de viviendas, 78.000 industrias, 123.000 establecimientos comerciales y un consumo energético equivalente a 45 millones de litros de gasolina al día. En otras palabras, la contaminación en el DF es un monstruo de muchas cabezas.

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