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Mi Dios Amor

Mi Dios Amor

Hablando en Serio

“Mi Dios Amor”

¡No!, no temo a mi Dios y la razón es simple, el Dios en el que creo es un Dios que me ama y disfruta de mi humanidad, su obra.

Nunca entendí y obviamente no creo en la expresión: Vivir en el temor de Dios; me explico: Nuestra cultura religiosa es curiosa, adoramos a un Dios Omnipresente, que además ve todo y nos ocultamos de Él en el Templo con una actitud mojigata y simulada, negando de facto lo que adoramos ¿O me van a negar que cuando pecan, estúpidamente creen que Dios no los ve?; doy un ejemplo:

Imagino a un amante amoroso, tierno dulce y delicado acariciando las pompis de el objeto de sus amores y pasiones en el Templo, mientras su compañera disfruta y ríe por el hecho, y ríe de nervios por estar en el Templo y que la gente se vaya a dar cuenta; como imagino a ese Dios amor en el que creo, contento de ver a sus “hijos” (su obra) riendo, jugando y divertidos delante de Él y en el Templo, supuestamente su casa (yo creo que un campo de flores o una montaña boscosa, es más su Templo, pues es su obra amorosa), disfrutando de la vida, de su humanidad y de su naturaleza, jugando a ser lo que somos, personas de carne y hueso; y me figuro su regocijo, como el del padre que escucha como su hijo, con picardía le platica las bromas que hizo durante el día en la escuela.

Una caricia entre amantes dada en la alcoba, en mi opinión, es a los ojos de mi Dios, igual que una caricia de amantes dada en el Templo; somos los hombres lo que culturalmente le damos una connotación de “mala acción”, al satanizar nuestra humanidad y nuestra sexualidad (obra del Señor), a lo que de acuerdo a nuestra humana naturaleza es una expresión de ternura, de gusto, de jugueteo y de cariño.

En una palabra; ¿si eres creyente?, Dios sabe lo que vives y piensas, así como disfruta de que como ser humano, su hijo, disfrutes de sus dones con alegría. Eso haría un Padre amoroso, y así es mi percepción de mi Dios ¡Entendamos!, el pecado no lo inventó Dios, lo inventó el hombre, para sojuzgar y hacer negocio.

¿Entonces no hay malas acciones? ¡Claro que la hay!, el robo, el secuestro, el asesinato, los “moches”, la corrupción, el abuso, el dañar al prójimo vendiéndole droga, el cerrar los ojos ante la pobreza o el abuso, el dañarse uno drogándose, emborrachándose, lastimando al prójimo, explotando al semejante, etc. Pero ojo, para identificar esas faltas o malas acciones, no necesitamos que nos las predique un Cura o nos las explique una religión, esas malas acciones nos la señala nuestra conciencia, esa vocecita que dentro de nosotros, sin intervención humana, nos dice lo que está bien y lo que está mal, vocecita que, por estar en nuestra propia naturaleza humana, es obra de mi Dios amor… ¡Así de sencillo!

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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