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No es culpa del indio

No es culpa del indio

Hablando en serio

“No es culpa del indio”

Uruapan, Michoacán, 27 de julio del 2013

Poncho es mamón, panzón y arbitrario, le gustan las prostitutas y gastar a lo pendejo para sentirse superior a los demás, sin serlo…

Cuando conocí a Poncho de inmediato me cayó mal, su actitud de sabelotodo y  mirada de perdonavidas generaba mi rechazo, aunque una cosa tenía a su favor, no engañaba, era auténtico, no se hacía pasar por lo que no era, no podía; y eso lo aprecié, ya que al mostrarse como es no daba lugar a errores, ya que le permite a uno saber a qué atenerse y decidir hasta donde y como tratar al pedante,…o no tratarlo. Por eso afirmo, Poncho está bien, es como es y no muestra lo contrario,… hasta cuando pretende sentirse superior o hacerle creer a la gente que él es de sociedad le falla, porque no hay manera de ocultar que es un pobre diablo, un patán con dinero. El Poncho es transparente.

La mitad de mi vida me la he pasado observando a mis congéneres los humanos, por dos razones, una porque somos divertidos y observarnos me entretiene y la otra, porque en eso que espero nos llegue algún día y que se llama evolución, tenemos que entender como somos y como funcionamos para poder avanzar, al tiempo que resolvemos nuestros problemas, de los cuales, la mayoría, concluyo como parte de mi observación, nacen de que no nos aceptamos como somos, me explico.

La mujer de Poncho se queja de que a él le gusten las prostitutas, proclividad que tiene desde soltero y que le llevó a infectarla a ella de enfermedad “non sancta” desde recién casados… ¿No sabía la mujer de los gustos por la vida alegre y la chicas del tacón del que sería su marido y padre de sus hijos?, entonces ella se equivocó, ya que para eso es el noviazgo, para “ver” con quién se empareja uno, pero si uno en lugar de “ver” como es el (o la) candidato a compartir paternidad, intimidad y vida, se dedica al “abacho becho” y al reventón durante el noviazgo, pues problema de uno, no del interfecto, ya que quien se va a joder la vida y la de sus hijos, es uno. En otras palabras, haciendo eco al dicho popular: “No es culpa del indio, sino del que lo hace compadre.”

Inevitable que no venga a mi memoria la historia del Pelochas, amigo de la prepa, buen compañero y el primer alcohólico con el que tuve contacto cercano: En la prepa nos decían los tres mosqueteros porque siempre andábamos juntos, el Pelochas, el Feo y su servidor, el Feo, pese a estar feo, era el más “ligador” de los tres, siempre andaba con muchachas; en una ocasión le pregunté: ¿Feo, como le hace para tener tanta novia? -Sigo el método estadístico, contestó. -¿Cual es ese?, pregunté. –Mira, dijo el Feo, a todas las invito a salir, como estoy feo, una de de cada cien acepta, noventa y nueve me rechazan, cuando ya le pregunté a mil, ya tengo diez viejas,… y no sé qué hacer con tantas. Éramos ingenuos, el Feo no patentó el método estadístico de ligar chamacas, si lo hubiera hecho, hoy sería rico… Pero decía, que en eso de conocer a las personas como objetivo del noviazgo y de aceptarlas y amarlas como son, viene a mi memoria el Pelochas; cuando íbamos a fiestas era en trío, su novia, el Pelochas y un servidor (mi juventud se caracterizó por no tener éxito con las chamacas, me daba ñañaras el hablarles, temía el rechazo, normalmente andaba solo -o con el Pelochas-). Decía que a las fiestas, normalmente íbamos los tres, mientras ellos bailaban, yo observaba a la gente, me divertía a mi modo, al final, invariablemente el Pelochas estaba borracho; casi cargado lo llevábamos su novia y yo a su casa, lo dejábamos recargado en la puerta, tocábamos el timbre y echábamos a correr. La mamá abría la puerta, el Pelochas caía al suelo y nosotros reíamos a la distancia… Un día, el Pelochas y su novia decidieron casarse y a partir de ahí el infierno; ella se quejaba un día sí y el otro también, victimizándose de que él era alcohólico. Yo me enojaba y le decía: -Tú lo sabías, lo engañaste diciéndole o haciéndole creer que así lo amabas, ella callaba. Hoy, el Pelochas, de ser un borracho soltero y feliz, es un casado alcohólico infeliz. En mi opinión, ella lo engañó haciéndole creer que lo amaba como era. El, aún siendo borracho, estaba bien, pues él era así.

Es por eso que hoy escribo estas elucubraciones donde concluyo, El Poncho está bien, mamón, pedante, putañero, soberbio e hijo de su madre, El Poncho está bien, el es así. Quién no lo está es su mujer, que con lágrimas de cocodrilo se queja de lo que ella libremente escogió o aceptó; con su pan se lo coma.

Mi conclusión: la mayoría de los problemas entre las personas, no estriba en lo que son, sino derivan de que quienes conviven con ellas, no las aceptan como son y pelean diariamente por cambiarlas,… como si eso fuera posible.

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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