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Portero de Prostíbulo

Portero de Prostíbulo

Santiago y El Rufo

“Portero de Prostíbulo”

¡No!, con el título de “Portero de Prostíbulo” no me refiero a Carlos Navarrete, presidente del PRD que piensa que a Celaya le irá bien si gana el PRI/Verde…

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R- Guauuu, coincido contigo, mi Santias, Carlos Navarrete exhibió el tradicional oportunismo de “Los Chuchos” al expresar que mejor le iría a Celaya con el PRI/Verde en el gobierno; me queda claro, la congruencia no se les da a los amarillos.

S- ¡Bien que coincidimos perro!, pero el tema de hoy es la historia desmentida de un empresario que se hizo millonario; El Portero de Prostíbulo:

No había en el pueblo peor trabajo que ser portero del prostíbulo ¿Pero qué otra cosa podría hacer aquel hombre? El hecho es que nunca había aprendido como leer ni escribir y no tenía ninguna otra actividad u ocupación.

Un día, entró como gerente del burdel un joven lleno de ideas, creativo y emprendedor, que decidió modernizar el lugar. Hizo cambios y llamó a los empleados para dar las nuevas instrucciones. Al portero le dijo: -A partir de hoy, usted, además de estar en la entrada, va a preparar un informe semanal donde registrará la cantidad de personas que entran y sus comentarios y quejas sobre los servicios. -Yo adoraría hacer eso, señor, balbuceó; pero no sé leer ni escribir. -¡Ah! ¡Cuanto lo siento! Pero si es así, ya no puede seguir trabajando aquí. Dicho esto, se dio la vuelta y se fue. El portero se sentía como si el mundo se le derrumbara. ¿Qué hacer?… Recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía alguna silla o una mesa, él las arreglaba. Pero sólo contaba con algunos clavos oxidados y una pinza mal cuidada. Usaría el dinero de la indemnización para comprar una caja completa de herramientas… En el pueblo no había casa de herramientas, por lo que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano para comprar. Y así lo hizo.

A su regreso, un vecino llamó a su puerta: – Vengo a preguntar si tiene un martillo para prestarme. -Sí, acabo de comprarlo, pero lo necesito para trabajar, ya que… -Bueno, pero yo se lo devolveré mañana muy temprano.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino llamó a la puerta y dijo: -Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende? -No, lo necesito para trabajar y además, la ferretería más cercana está a un viaje de dos días, en mula. -Vamos a hacer un trato, dijo el vecino. Le pagaré los días de ida y vuelta, más el precio del martillo. ¿Qué piensa?… Aceptó.

A su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su hogar. -Hola, vecino. Usted vendió un martillo a nuestro amigo. Necesito algunas herramientas y estoy dispuesto a pagarle sus días de viaje y una pequeña ganancia más para que me las compre, porque yo no tengo tiempo para viajar. El ex portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Pagó y se fue. Y nuestro amigo guardó en la mente las palabras que escuchaba: ” No tengo tiempo para viajar a hacer las compras”.

En el siguiente viaje, arriesgó un poco más de dinero, trayendo más herramientas de las que había vendido. La noticia comenzó a esparcirse por el pueblo y muchos, queriendo economizar el viaje, hacían encomiendas. Ahora, como vendedor de herramientas, una vez por semana viajaba y traía lo que necesitaban sus clientes.

En pocos años puso una ferretería y se convirtió en un comerciante rico y próspero.

Un día decidió donar una escuela al pueblo. En ella, además de la lectura y la escritura, los niños aprendían algún oficio. En el día de la inauguración, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: -Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos que nos conceda el honor de poner su firma en la primera página del libro de actas de esta nueva escuela. – El honor sería mío, dijo el hombre. Me daría mucho gusto, firmar ese libro, pero no sé leer ni escribir, soy analfabeta.

-¿Usted? Dijo incrédulo el alcalde. ¿Construyó una gran empresa sin saber leer ni escribir? ¡Esto es increíble! Y le preguntó: -¿Qué hubiera sido de usted si supiese leer y escribir? -Si yo supiese leer y escribir, contestó humildemente el hombre: seguiría siendo el Portero del Prostíbulo… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

Santiago Heyser Beltrán

Escritor y soñador

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