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Una revolución móvil para eliminar la pobreza en América Latina

Una revolución móvil para eliminar la pobreza en América Latina

Por Isabelle Schaefer

¿Qué abunda más en Guatemala que en Suiza? De las muchas respuestas posibles a esta pregunta, quizá la más sorprendente de todas sea “teléfonos móviles”. Una de las respuestas más fáciles por otra parte, sería “gente que vive por debajo de la línea de pobreza”.

Ante esta realidad, no son pocos los que están trabajando en aprovechar el poder de la tecnología en manos de millones de guatemaltecos para resolver algunas de sus necesidades más urgentes, como empleos, seguridad, o control de los fondos públicos.

Y no se trata únicamente de Guatemala. En varios países de América Latina ya hay más de un dispositivo móvil por habitante y se repiten también los mismos desafíos de hacer frente a la pobreza extrema, a las carencias en la educación o de las oportunidades laborales de calidad.

Por eso, son cada vez más frecuentes los ejemplos en América Latina en los que se está aprovechando la información y los avances tecnológicos que las personas tienen, literalmente, en la punta de sus dedos para hacerle frente a diferentes retos del desarrollo y ayudar a combatir la pobreza.

Una reciente competencia de desarrolladores trabajó en aplicaciones para seguirle la pista al uso que hacen los gobiernos de los fondos públicos, es decir, para ayudar a combatir la corrupción. Otros buscan formas de que todos los latinoamericanos tengan acceso a un inodoro. En países de Centroamérica se han desarrollado soluciones que ayudan a luchar contra la violencia doméstica.

“La comunicación móvil ahora ofrece oportunidades mayores para avanzar el desarrollo humano, desde proveer acceso básico a la educación o información de salud hasta hacer pagos en efectivo o estimular el involucramiento de los ciudadanos en el proceso democrático”, dice el reporte Maximizing Mobile (maximizando los móviles) del Banco Mundial.

Según el estudio “Economía Móvil en América Latina 2013”, más de la mitad de los latinoamericanos tiene un teléfono móvil, es decir, hay casi 320 millones de suscritores únicos. El reporte del Banco Mundial destaca, a su vez, que el “mundo en desarrollo es más móvil que el mundo desarrollado.”

Y es cierto que en muchos países de la región, como Panamá, Argentina, Chile y Guatemala hay más suscripciones móviles por 100 personas que en Gran Bretaña o Suiza. Otros países tienen menos, cómo México, con 83 suscripciones móviles por 100 personas, o Bolivia con 90.

Pero la tendencia va al alza: se estima que la penetración de teléfonos inteligentes será más del doble para 2017. Ya desde 2012 la región es uno de los mercados de dispositivos móviles con mayor crecimiento en el mundo.

Además, en 2012, la telefonía móvil representó 3.7% del Producto Interno Bruto de América Latina y generaba, en aquel momento, 350 mil puestos de trabajo directos. A modo de comparación, el mercado móvil en Europa representa solo el 2.1% del PIB.

Una brecha entre oportunidades y habilidades

Sin embargo, una cosa es que en América Latina haya esta enorme cantidad de dispositivos móviles en manos de los ciudadanos y otra, muy diferente, es que los latinoamericanos tengan las habilidades y los conocimientos para aprovecharlas plenamente.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones, el organismo de Naciones Unidas especializado en tecnologías de la información y la comunicación, hizo un índice precisamente para medir cuáles son los países que están mejor preparados para hacer un uso efectivo de estas tecnologías.

De un total de 157 países analizados, los primeros de América Latina son Cuba , en el lugar 14; Argentina, en el lugar 26; y Chile, en el puesto 30. Perú ocupa el lugar 63, Brasil el 72, y México el 80.

Iniciativas cómo MexicoFirst, con el apoyo del gobierno mexicano y el Banco Mundial, tratan de remediar a esta brecha y tienen como objetivo de ayudar a jóvenes a aprender las habilidades que se requieren en la industria.

En general la recomendación de los expertos, según Eva Clemente, experta en tecnologías de comunicación del Banco Mundial, es que las instituciones educativas trabajen más de cerca con la industria y que los planes de estudio evolucionen con la tecnología.

Lo que sí parece estar claro, sin embargo, es que hay mucho potencial en la región. “La tecnología no es el fin, sino la herramienta para llevar a cabo una buena idea”, afirma Clemente. “Y buenas ideas no faltan en América Latina.”

Gasolina para la innovación

“Las oportunidades para el desarrollo son increíbles”, dice Eva Clemente, pues se crea una nueva relación entre los gobiernos y las comunidades de desarrolladores, y pueden pensar juntos en soluciones a los problemas de desarrollo.

“Ya no se necesita ser doctor en computación para hacer una app”, añade la experta. “Cada día estamos viendo cómo surgen soluciones”, afirma la experta, y agrega que no necesariamente tienen que venir de grandes empresas multinacionales. A veces, una idea local se puede trasladar al plano global. “Una solución desarrollada en Colombia puede servirle a alguien en Argentina”, explica.

En Chile por ejemplo, una aplicación apoyada por la incubadora “Start-up Chile” sobre el reciclaje de latas será implementada en Amsterdam, Holanda. La aplicación Mami, de Colombia, que ayuda a las mujeres embarazadas a cuidar su salud a través de mensajes de texto, se ha presentado en varios congresos internacionales. El “Laboratorio para la Ciudad” en el Distrito Federal en México fomenta ideas y soluciones para la capital mexicana con el uso de datos abiertos y tecnología.

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